Conclusiones (mayo, 2015)

El espacio urbano como lugar de enunciación y acción

Prácticas de reivindicación y uso común

 

Nos gustaría centrar este texto en torno a la noción de espacio común y su reivindicación dentro de las prácticas sociales, políticas y culturales contemporáneas en la ciudad de Madrid. Nuestro punto de vista no es, por tanto, el de la institución sino el de los colectivos de diversa índole que trazan relaciones con el espacio urbano. Desde reivindicaciones de espacios públicos, a las de espacios comunes a través de movimientos okupas o de autogestión.

  •  Espacio como reivindicación de lo público, de lo común

La principal idea que articula movimientos dispares como Campo de Cebada o EVA (Espacio Vecinal Arganzuela) es la reivindicación del espacio público para la ciudadanía, la noción de pertenencia colectiva y la desafección hacia aquéllos en quienes se delegó la organización de este espacio. Consignas como “no nos representan” formuladas durante el movimiento 15-M en el que se ocupó la céntrica Puerta del Sol de Madrid, dan cuenta del clima de decepción y desapego hacia aquellas instituciones encargadas de regular la vida pública y su espacio (PEYDRÓ, 2014, 53). El acto de ocupación colectiva simbolizó esta revalorización y reivindicación del espacio como lugar desde el que enunciarse y accionarse como comunidad. La conciencia de carencias y faltas es el germen de las propuestas ciudadanas contemporáneas. Éstas comparten una voluntad de mejorar la experiencia de lo común, del paisaje cotidiano, en el que participar y no entenderlo como un decorado (BASURAMA, 2014). Volver a una noción de plaza y calle como enclaves donde se gesta y cohesiona la comunidad, de temporalidad y naturaleza ajena a intereses productivos o económicos. Espacios con simbología propia no meras vías para el tránsito. Se está proponiendo hacer ciudad desde la ciudadanía.

El 15-M debido a su gran dimensión a distintos niveles, entre ellos, la repercusión mediática, además de visibilizar propuestas que se estaban desarrollando en este sentido, como Esto es una plaza (2009), sirvió de catalizador para animar y promover modelos alternativos.

Una de las demandas del movimiento fue la creación de un centro social para cada barrio, de manera que cada contexto organice y gestione sus necesidades ―de esparcimiento, conocimiento, cultura, etc.―. Es la propia comunidad la que decide qué puede resultar necesario o de provecho para sí misma, distanciándose así de otros discursos que provenían de la institución y que pese a participar de un ánimo común o de convergencia con los movimientos sociales, no dejaban de ser agentes externos, críticas a una institución dominante pero desde la propia institución. Otro aspecto que revela la importancia de una enunciación vernácula es cómo los procesos de gentrificación de los barrios han problematizado las nociones de lo local y lo global, tendiendo a homogeneizar y simplificar las aproximaciones y las soluciones proyectadas para cada contexto. Dirigirse a una audiencia en sentido unívoco resulta a todas luces ineficaz. La posibilidad se encuentra en la propia comunidad, en atender qué demandas y necesidades se formulan desde allí, desde los individuos y las características específicas. Colectivos como Basurama, centrado en la acción en el espacio público esencialmente en forma de rehabilitación y reutilización, subrayan la importancia de trazar redes de confianza y trabajo con los agentes locales, aportar a lo existente, construir juntos (ID.).

El espacio posee la importancia tanto física ―necesidad de un lugar real donde desarrollar estos planteamientos― como simbólica ―la posibilidad real de una acción que parta del encuentro físico entre personas―. Una reflexión que nos gustaría introducir, tiene que ver con la importancia de las redes sociales para generar y articular las prácticas de estos colectivos (AVENDAÑO SANTANA, 2014, 11-13); herramientas que sirven para posibilitar lo que en el fondo no deja de ser una demanda constante: la relación física entre cuerpos y espacio. Las redes sociales y las nuevas tecnologías comportan la apertura de espectros de participación, contacto y organización, generan un foro virtual de contacto, pero se ponen a disposición de la conquista del espacio y el encuentro físico.

  •  Espacio como formulación de otra cultura:

No 
es 
posible
 generar
 un 
discurso
 cultural
 si
 éste 
no 
está 
legitimado
 por
 los
 intereses
 ciudadanos.
 El
 pez 
que 
se 
muerde
 la 
cola.
¿Cómo 
puede
 funcionar
 un 
concepto
 de 
cultura 
que
 pretende
 generar
 ciudadanía,
 cuando 
es 
la 
ciudadanía 
la 
que
 debe 
fundar 
el 
modelo cultural? (MARZO, 2009).

Uno de los principales intereses que percibimos en las estrategias de estos colectivos es la proyección real o virtual ―generalmente cuando no cuenta con un espacio físico, como es el caso del mencionado EVA― de políticas culturales. En contraposición a la formulación de una cultura como producto, una cultura que instituye una ciudadanía, surge una cultura desde la ciudadanía. Muchos de estos espacios se conciben para acoger formas de cultura que se perciben desplazadas del marco oficial y cuyo sentido no estriba en la autoafirmación de valores o identidades, sino que se genera de forma más espontánea, generalmente desde la necesidad de socialización, de compartir, participar y producir conocimiento.

Nos interesa aquí rescatar brevemente la reflexión que hace Jorge Luis Marzo, con la que hemos encabezado este epígrafe,  acerca de la utilización política de la cultura española durante el periodo Transición. Atendiendo a sus afirmaciones, durante este periodo se propició una visión aséptica de la cultura, desactivando su potencial crítico y generador de cambios, de manera que pasó a percibirse como un elemento neutro, de connotaciones superficiales y vagas ―libertad, creatividad, originalidad―. Las prácticas culturales que localizamos en estos colectivos, al contrario, se definen por su capacidad de formular cuestionamientos y vínculos dentro de la comunidad. Una cultura entendida, como decíamos, más allá del consumo pasivo. No nos referimos necesariamente a prácticas abiertamente politizadas, activistas o de un perfil denotativo, sino a un abanico amplio que puede ir desde recuperar el bikepark del desaparecido espacio C. S. O. La Traba a los Cantamañanas que se reúnen en el Campo de la Cebada los domingos por la mañana. Una cultura, en definitiva, que invita a la participación, abierta a la comunidad que la enuncia, y no un producto realizado al margen.

  •  Espacio como modelo de consumo alternativo

Otra de las propuestas dentro de estos modos alternativos de hacer ciudad es la reflexión sobre el consumo y el crecimiento de la sociedad. Una de las formas en las que estas cuestiones toman cuerpo es a través de los denominados “huertos urbanos”, espacios de conciencia y concienciación ecológica y de políticas decrecentistas.  Estos enclaves ponen de manifiesto críticas profundas hacia el modelo de sociedad al tiempo que generan un espacio dominado por valores como el cuidado, la responsabilidad y la participación colectivas; se afirman como la evidencia de que otros modos de articular nociones tan diversas como el consumo y la producción de bienes o la interacción con la naturaleza son posibles, también en un contexto tan alejado, a primera vista, de estas opciones de cambio como es la ciudad. De hecho, el emplazamiento de estas propuesta tiene una relevancia esencial, pues es precisamente en el contexto urbano donde se generan estos discursos y prácticas invasivas e irresponsables; la apuesta se plantea como una crítica insertada en el mismo problema, un deseo de transformación, no de abandono, derivado de este sentimiento de pertenencia y responsabilidad que señalábamos.

Muchos de estos colectivos, como los ya citados Esto es una Plaza o EVA proponen transformar el imaginario urbano integrando estas zonas verdes, oasis críticos, así como espacios para la colaboración y el disfrute colectivo.

Las demandas y las críticas que se perciben en este paisaje, no afectan pues únicamente a nociones relativas al urbanismo, la arquitectura y la regulación cívica, sino que se extienden hacia formulaciones complejas de muy diversa índole que cuestionan parcial o totalmente el sistema imperante. Todas ellas se articulan en torno al valor simbólico y físico del espacio como lugar desde el que reivindicar al individuo y su condición de habitante en clave heideggeriana, como construcción y cuidado.

  • Volver a repensar la ciudad

Hemos esbozado los principales rasgos percibidos, a lo largo de nuestra investigación, en las demandas e intereses de estos colectivos; nos gustaría ahora incorporar otra reflexión relacionada con las evoluciones sufridas por estos mismos agentes, concretamente aquellos surgidos antes y en las inmediaciones del movimiento 15-M, a modo de conclusión.  Hallamos dos tendencias principales que conducen, por una parte, a una integración en el sistema, en clave de diálogo y colaboración con las instituciones y agentes diversos, no necesariamente afines, como sería el caso del colectivo Basurama; por otra, el colapso o la crisis generada por una necesidad de definición ideológica y de praxis, de trazar un plan de acción y pensamiento como le sucede a Campo de Cebada. Estas dos direcciones componen en sí mismas un punto de inflexión en las trayectorias, un momento decisivo de cambio y autodefinición que dinamice la perspectiva del futuro, que permita la movilidad al son de un contexto vivo y variable, y que no caiga en el deterioro y el agotamiento. Un suerte de reinvención y adecuación a las circunstancias.

Al contrario, colectivos de muy reciente creación, como es el caso de EVA, se localizan en un terreno virgen, aún por acotar que puede plantear retos y caminos diferentes o inscribirse en alguna de las dos líneas que han proyectado agentes previos.

Teniendo en cuenta las líneas anteriormente desarrolladas y según íbamos avanzando en el proceso de investigación, fuimos observando que el proyecto iba convirtiéndose en una especie de archivo, un espacio en el que los materiales reunidos ahora adquieren una forma reticular, una malla que se entiende común. El espacio web nos ha permitido crear, a través de los recursos que el formato nos ofrece, una red que pretende enriquecer las relaciones entre los agentes, la reflexión crítica y el registro de información. Formulando así un entramado de voces, un relato que se construya de forma colaborativa y que se mantenga abierto a nuevas participaciones y lecturas.

❧  ❧  ❧

Las reflexiones aquí planteadas son fruto del proceso de investigación desarrollado en Espacios silentes con fecha de mayo de 2015.

Redacción: Marta Alonso-Buenaposada y Elena Zaccagnini

Textos consultados:

Avendaño Santana, Lynda E., “Arte, silencios y políticas”, en Silencio y política. Aproximaciones desde el arte, la filosofía, el psicoanálisis y el procomún. Lynda E. Avendaño Santana (ed.), Madrid: Universidad Autónoma de Madrid; Barcelona: Universitat de Barcelona, 2014.

Basurama, Cuatro conceptos y dos hipótesis sobre participación, texto presentado para el Congreso Internacional de Ordenación del Territorio (VII CIOT), Madrid, noviembre de 2014. Disponible en línea en: http://basurama.org/txt/cuatro-conceptos-y-dos-hipotesis-sobre-participacion/

Castells, Manuel, La ciudad y las masas: Sociología de los movimientos sociales urbanos, Madrid: Alianza, 1986.

—, Redes de indignación y esperanza: los movimientos sociales en la era internet, Madrid: Alianza editorial, 2012.

Heidegger, Martin, Construir, habitar, pensar [1951], Santiago de Chile: Universidad Academia, s. f. Disponible en línea en: http://www.geoacademia.cl/docente/mats/construir-habitar-pensar.pdf

Marzo, Jorge Luis, “El concepto de ciudadanía como motor de la política artística española”, 2009; disponible en línea en: http://www.soymenos.net/ciudadania.pdf

Peydró, G. Guillermo, “Madrid, 15-M: lo poético político”, en Silencio y política. Aproximaciones desde el arte, la filosofía, el psicoanálisis y el procomún, Avedaño Santana, E. Lynda (ed.), Madrid: Universidad Autónoma de Madrid; Barcelona: Universitat de Barcelona, 2014.

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