“La Cebada no tiene una identidad”

“La Cebada nunca ha tenido una identidad”

Una entrevista con Jacobo García Fouz

Jacobo García Fouz, estudiante de último curso de Escenografía de la RESAD, fue uno de los primeros participantes en el espacio “El Campo de Cebada”. En esta entrevista reflexiona sobre los primeros pasos y el posterior desarrollo que ha ido experimentando este espacio.

“La Cebada no era nada, era un agujero en el centro de Madrid”

Domingo a las 12:30 de la mañana. Un agradable paseo por la Calle Ribera de Curtidores, rodeada de guiris que acuden aconsejados por cualquier guía turística a la indispensable visita del mítico mercado del Rastro. Empujones, más empujones y los mismos puestos repetidos uno tras otro hasta la saciedad. Por fin llegamos a la castiza Plaza del Cascorro.

Si damos la vuelta a la esquina, nos encontraremos con la Plaza de la Cebada, una de las más antiguas de la capital española. Una plaza que durante años estuvo formada por un polideportivo que, tras ser demolido, se convirtió en “un agujero en el centro de Madrid” que esperaba para ser convertido en un macrocentro comercial.

“Si esto se puede abrir durante un mes, ¿por qué no se puede abrir durante el resto del año?”

En el año 2010 el Ayuntamiento de Madrid seleccionó al colectivo Basurama para comisariar la Noche en Blanco, edición que nombraron “¡Hagan juego!”. En la Plaza de la Cebada, el grupo franco-anglosajón Exyzt (http://www.exyzt.org/) instaló una piscina temporal como denuncia al Ayuntamiento por haber derribado el antiguo polideportivo, dejando así a todo el barrio sin piscina durante el sofocante verano madrileño. La instalación se mantuvo un mes en el solar de la Cebada, momento tras el cual se preveía que el terreno volvería a quedar inhabilitado, ocupando un cementerio de hormigón un lugar clave del corazón de la ciudad.

Sin embargo, algunas vecinas* del barrio se juntaron para repensar este espacio como un lugar público, elucubrando la imagen de un espacio vivo y dinámico. Un vecino, Pedro, colgó en la puerta del solar un cartel que decía “Si esto se puede abrir durante un mes, ¿por qué no se puede abrir durante el resto del año?”.

Comenzarían así una serie de negociaciones de meses entre algunas vecinas no agrupadas que decidieron unirse de manera informal para recuperar ese espacio público que estaba a punto de desaparecer bajo los cimientos de un nuevo shopping.

En abril del 2015 todavía el antiguo solar sigue siendo un espacio público. La diferencia es que ya no es sólo un solar, sino un centro de encuentro, un lugar donde relacionarse, un espacio de convivencia e intercambio.

“La Cebada nunca ha tenido una identidad”

En los últimos años en Madrid, así como en otras ciudades españolas y europeas han comenzado a surgir de manera vertiginosa espacios sociales que suplen las necesidades de las poblaciones que viven en ciudades donde los espacios públicos brillan por su ausencia. Estos lugares, muchos de ellos centros “okupados” o “liberados”, responden en su mayoría a una ideología predefinida. Centros de referencia en Madrid como El Patio Maravillas, La (desalojada) Traba, La Casika,  La Dragona o el Centro Social Seco, que en su ADN llevan bases ideológicas similares.

El Campo de Cebada se diferencia de todos estos espacios por haber sido concebido desde un inicio como un lugar desprovisto de ideología y, sin embargo, entendido como un espacio propositivo que no se define ni se identifica con una ideología concreta sino que da cabida a todo tipo de propuestas. Como Jacobo indica “asumimos de manera natural que en ese espacio lo que queríamos hacer era un espacio público, no queríamos un espacio donde reivindicar nuestro pensamiento ideológico. La Cebada no puede decidir qué pasa y qué no pasa ahí. Solamente hay unas normas: no se puede cobrar entrada, no se puede molestar a los vecinos y todo lo que hagas, límpialo después”.

“¿Quién soy yo para mandar sobre un espacio?”

En un espacio teóricamente desideologizado la deriva es completamente incierta. Es la gente que colabora, la gente que propone, la gente que actúa, la gente que limpia, la gente que simplemente está, quienes acaban decidiendo el rumbo que toma el lugar. El espacio se va transformando, va rellenándose de contenido poco a poco, sin dejar en ningún momento de actuar como un continente de ideas, de propuestas, de acciones. No hay unas líneas marcadas, el camino se va trazando de manera colectiva.

“¿Quién soy yo para mandar sobre un espacio? ¡Es que solamente faltaba que decida yo lo que se puede y lo que no se puede hacer ahí dentro!”. Y es que Jacobo, como muchos de sus vecinos, ha reflexionado mucho sobre los usos del espacio. El Campo de Cebada es lo que los actores que la conforman quieren que sea. No es un lugar que pretenda imponer sus principios a cualquier viandante que sobrepase sus límites, sino todo lo contrario. El Campo de Cebada es un receptor, un oído abierto, una mano tendida, un mar de posibilidades. Es todo y es nada a la vez.

Sin embargo, estas fronteras tan difusas, tan sutiles y desdibujadas han generado más de una controversia. Para que la cogestión a través de la cual se organiza el Campo de Cebada sea operativa y eficiente, requiere de una participación ciudadana que sólo se da en sociedades que han superado la mayoría de edad. Desgraciadamente, en términos generales, nuestra sociedad está basada en el consumo en detrimento del concepto de participación y en sistemas jerárquicos en vez de en organizaciones colectivas. Esto dificulta el desarrollo normalizado y, a priori, no conflictivo de espacios de El Campo de Cebada donde empiezan a surgir diferencias entre los usuarios y su manera de concebir el uso que se hace del espacio, cayendo muchos de ellos en el fallo de un consumo irrespetuoso del mismo. Cada actor que frecuenta el espacio acaba adoptando un rol propio, se construye una identidad (a falta de la identidad del lugar) y hay quien, como a Jacobo, “le toca ser el sereno”. En este momento hace falta agudizar la escucha y trabajar mano a mano para permitir que la cogestión no quede en el ámbito de la utopía.

“La gestión no depende de uno o de otro, depende de todas”

En El Campo de Cebada se celebran asambleas periódicas donde se decide la programación de las actividades que tendrán lugar en las siguientes semanas. No es un colectivo, no es una asociación la que decide esta programación sino un espacio común que brinda la posibilidad de participar en él a todo el que quiera intervenir.

El Campo de Cebada se ha convertido en uno de los máximos referentes de cooperación ciudadana, donde la arquitectura y el espacio están en camino de ponerse al servicio de la colectividad y de la convivencia.

Espacios silentes

Marina Avia Estrada

* La construcción de este texto conlleva el uso del femenino plural para los casos referidos a un conjunto de personas como acto subversivo del orden común, una muestra de cómo el lenguaje condiciona nuestra manera de entender el mundo. Transformar el lenguaje utilizando el femenino plural en la construcción narrativa es una manera de nombrar, visibilizar y reivindicar la participación de las mujeres en los procesos políticos y sociales.

 

Artículos consultados:

-Basurama, Cuatro conceptos y dos hipótesis sobre participación, texto presentado para el Congreso Internacional de Ordenación del Territorio (VII CIOT), Madrid, noviembre de 2014. Disponible en línea en: http://basurama.org/txt/cuatro-conceptos-y-dos-hipotesis-sobre-participacion/

-Basurama, Lo mejor que nos ha dejado la burbuja son los descampados, Madrid, marzo 2015. Disponible en línea en: http://basurama.org/txt/lo-mejor-que-nos-ha-dejado-la-burbuja-son-los-descampados/

-David Bravo Bordas, El Campo de Cebada, Madrid, 2012. Disponible en línea en: http://www.publicspace.org/es/obras/g362-el-campo-de-cebada

-Ivan Abio, El Campo de la Cebada: algo más que un agujero de hormigón, Madrid, Agosto 2013. Disponible en línea en: http://www.abc.es/sociedad/20130815/rc-campo-cebada-algo-agujero-201308150047.html

-Reyes Gallegos, Entrevista al colectivo Zuloark sobre el proceso del Campo de la Cebada, Madrid, enero 2013. Disponible en línea en: http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=15759

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