Un paso más allá de la okupación, EvArganzuela

El miércoles 24 de septiembre de 2014 se reúne en Matadero un grupo de unas setenta personas pertenecientes a diferentes movimientos vecinales, sociales y entidades ciudadanas que realizan su labor en el distrito de Arganzuela para elaborar de manera conjunta un proyecto que avale la cesión urgente por parte del Ayuntamiento de un espacio para su uso autogestionado por las organizaciones sociales y entidades ciudadanas del distrito de Arganzuela. [1]


¿Quién hace el barrio? ¿Cómo se configura su identidad? Podemos entender los barrios como espacios articulados en torno a una noción de lo común, una sensación de pertenencia no siempre correspondida que desemboca en frustración, en un choque constante en la vida diaria de los vecinos. La fisonomía de los barrios se estructura a partir de continuidades temáticas, en las que se integran nociones como la textura, el espacio, la forma, los detalles, los símbolos, el tipo de construcción, el uso, la actividad, los habitantes, el grado de mantenimiento y la topografía (LYNCH, 2001, 86), así como componentes sensoriales como el ruido o el olor, son factores que tornan estos lugares reconocibles desde el exterior y generan apego o rechazo desde el interior.

Este escrito se centra en el barrio de Arganzuela, un lugar que recorremos y conocemos, que miramos desde las especificidades que lo conforman. Arganzuela es un barrio periférico y de carácter industrial, un pasado que resuena aún en los muros del antiguo Matadero de Madrid, hoy centro cultural, o en los del Mercado de Frutas y Verduras situado en la plaza de Legazpi, en estos momentos en situación de abandono por parte del Ayuntamiento. Trazamos un relato por un barrio que deja de ser un ente abstracto para disociarse sin separarse, para convertirse en fuerza aglutinadora de cuerpos individuales, una gran red de afectos que ahora es partícipe y autora del entorno que habita.

De la misma forma que ha ocurrido en otros barrios y distritos de Madrid, las consecuencias de la crisis tuvieron manifestaciones concretas en Arganzuela, un entorno que por otra parte ya venía sufriendo la escasez de servicios sociales, siendo percibido por los vecinos como un contexto desértico de posibilidades, inhóspito y hostil. Al mismo tiempo el 15M, como también ocurrió en otros lugares de Madrid, supuso un agente propiciatorio de un cambio de paradigma que hoy recogen los movimientos vecinales del barrio. Desde Arganzuela se empieza a intuir el desarrollo de una tendencia hacia unas nociones de lo común, hacia un aprender juntos otro, que parece comenzar a configurar una nueva forma de entender la comunidad, el barrio. Nacidos directamente de los principios introducidos durante la ocupación de la Puerta del Sol en el año 2011, los movimientos vecinales eligen utilizar otros canales de acción que no compitan con aquellos utilizados por el espectáculo, huyendo de los individualismos que éste promulga y proponiendo procedimientos colaborativos y procesuales para, lejos de sumarse al sistema, conseguir dinamitarlo desde dentro.

El desarrollo de estos primeros procesos evidencia la escasez y necesidad de lugares de reunión en los barrios, una circunstancia que los vecinos pasan a entender como de su competencia, como una responsabilidad que no es de nadie más que propia. En Arganzuela, un primer paso en ese sentido lo dió el C.S.O. La Traba, un espacio okupado que desde 2008 venía aportando al barrio esos servicios y espacios que se entendían desatendidos por la administración. Continuó su labor hasta agosto de 2014 cuando fue súbitamente desalojado y derribado, un suceso que evidenció la desidia e incomprensión del Ayuntamiento por los procesos que se estaban desarrollando en el barrio. De ese grito abatido nace EVA, un grupo de personas que se reúnen para proyectar otra Arganzuela, ahora reclamando la cesión del Mercado de Frutas y Verduras, sin utilizar durante años, como espacio de construcción, una reclamación que nace de la toma de conciencia del espacio como común, de su reinterpretación como propio.

Vinculamos los procesos de los movimientos vecinales con el concepto de lo táctico desarrollado por Michel de Certeau en La invención de lo cotidiano (1974) [2], concepto al que se refiere como un dispositivo de apropiación y tergiversación que es inconfundiblemente artístico, pero que fundamentalmente constituye una forma de resistencia y enfrentamiento político. Asociado a la ausencia de lugar propio, de espacio para su desarrollo, podríamos relacionar esta característica de lo táctico con la falta de espacio físico en EVA, un rasgo que lejos de restar potencia a sus líneas de fuerza, suscita que su movimiento consigue erosionar los márgenes del sistema,

‘‘esta carencia de lugar propio le permite, sin duda, la movilidad, pero le exige a la vez una mayor capacidad de adaptación a los azares del tiempo, para tomar al vuelo las posibilidades que ofrece el instante’’ (DE CERTEAU, 2001, 401).

Siguiendo esta idea, no podemos dejar de pensar lo táctico según De Certeau como un modo de hacer directamente relacionado con el instante, con la espontaneidad. Tal y como también señalan algunos de los integrantes de EVA [3], la espontaneidad resulta básica para el desarrollo de este tipo de propuestas, posibilitando encuentros, choques, convergencias, debates o sinergias, que abren la puerta a la contingencia. De forma que ese ‘‘que nos dejen hacer’’ posibilita la creación de otros espacios de pensamiento donde las ideas confluyen, donde se hace verdaderamente evidente esa disociación que comentábamos al principio, esa fragmentación del núcleo del barrio en multitud de cuerpos reunidos que pretenden dilucidar ese ¿qué ocurre cuando se junta un grupo de personas con muchas ideas?

Siguiendo estos postulados, EVA y el barrio de Arganzuela pretenden recuperar un edificio patrimonial, que ahora por primera vez se entiende como legítimo y común a todos, entendiendo el entorno como espacio político a través de la palabra y la acción; una situación que les enfrenta a las instituciones, a una obstrucción que radicaliza, y que se materializa en un conflicto que sin embargo ahora se quiere pensar como debate desde el tú, desde el individuo interesado por el intercambio, la cogestión y por ese dejar hacer que finalmente significa ir un paso más allá de la okupación.

 

Espacios silentes

Elena Zaccagnini Catón

 

[1] http://evarganzuela.org/eva/quienes-somos/

[2] Se han consultado los escritos de Michel de Certeau incluidos en Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa. [Modos de hacer. Arte crítico esfera pública y acción directa, BLANCO, P., CARRILLO, J., CLARAMONTE, J., EXPÓSITO, M., (Eds.), Salamanca: Ediciones Universidad Salamanca, 2001].

[3] Ver la entrevista a algunos miembros del colectivo EVA [EvArganzuela, Entrevista : https://espaciosilentes.wordpress.com/2015/04/15/evarganzuela-entrevista/]

Referencias:

  • DE CERTEAU, Michel, ‘‘De las prácticas cotidianas de oposición’’, en Modos de hacer. Arte crítico esfera pública y acción directa, BLANCO, P., CARRILLO, J., CLARAMONTE, J., EXPÓSITO, M., (Eds.), Salamanca: Ediciones Universidad Salamanca, 2001, pp. 391-426.
  • LYNCH, Kevin, La imagen de la ciudad, Barcelona: Gustavo Gili, 2001.
  • Sitio web EvArganzuela: evarganzuela.org
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