Basurama, formas de hacer ciudad

Basurama (Madrid, 2001), colectivo de jóvenes arquitectos, surge de la retórica de la contestación y la posibilidad, la posibilidad de otros modos de hacer, la conciencia de que a través del arte puede activarse la esfera de lo cotidiano. Sus intereses, si bien participan de un ánimo experimental y de desbordamiento, se centran en intervenir el espacio público partiendo de lo existente. Plantean un nuevo paradigma que invierta la lógica del despilfarro por la del reciclaje, sin alimentar el discurso de la precariedad desde la óptica de la resignación ni las dinámicas asimétricas en la concentración y gestión de recursos. Un equilibrio complejo que atraviesa problemáticas en torno a la noción de espacio, espacio público, ciudadanía, abundancia, desechos, políticas urbanas e instituciones.  

En este texto nos centraremos en su principal campo de acción, el espacio público. La intervención de este espacio viene ligada a un paso, no necesariamente previo, sino simultáneo en muchas ocasiones, de definir qué es el espacio público, una formulación que parte de sus participantes, que accionan la significación.

Para Basurama el trabajo con los vecinos, con las personas que transitan y habitan los espacios resulta esencial para la creación de proyectos coherentes, que respondan al sentido de lo público como común y no como producción lista para el consumo pasivo. En la misma línea, se deduce la imposibilidad de un espacio de significación estática, al contrario, ésta se entiende flexible y cambiante según los usos. Ligada a esta idea se encuentra la de la formulación de un nuevo tipo de institución, o de institución renovada, que demande nuevos espacios en los que acontezcan nuevos tipos de relaciones.

“Si un espacio, por muy imaginativo y sorprendente que sea, por más efectivo en la producción de relaciones, sociedades y políticas que sea, no puede imaginar nuevas instituciones, una vez más, nos confirmaremos como decoradores de la barraca que el poder nos presta para protegernos de los elementos [1].”

El sentido de esta afirmación evidencia la voluntad de reformulación, de recuperación de la institución pública, no sólo del espacio público, huyendo de posicionamientos antagonistas. Basurama plantea la transformación, el diálogo de la posibilidad en una voluntad fundamental: hacer. Gestar cambios y proyectos concretos que trasciendan la formulación teórica y cualquier tipo de reticencia previa. La única premisa es el criterio propio, la sensibilidad que conduce a ideas y planteamientos no con sentido personalista sino desde la aportación, qué puede aportarse a un contexto específico con el que se dialoga y que se estudia. El trabajo en red, el trazo de relaciones de confianza, la consolidación de transformaciones lentas pero certeras, duraderas, son rasgos de estos proyectos.

Volviendo a la definición de espacio público, qué entiende Basurama por espacio público, por calle o plaza, podríamos afirmar, si bien no es una categorización rígida y concluyente, que no es un enclave de consumo, sino de participación. Apuestan por la sustitución del modelo de consumo pasivo por el de participación activa y sentido de pertenencia del ciudadano. Esta es una de las claves para la gestión del espacio común, una gestión que no guarde relación con los modelos tradicionales de control, poder y regulación que tienden a evitar lo público, que es también en algunos casos confrontación, debate y crítica. Podemos pensar en la ciudad limpia, aséptica de Haussmann o, sin ir tan lejos, la visión de ciudad de Alberto Ruiz Gallardón (alcalde de Madrid del 2003 al 2011), una ciudad dominada por la limpieza y el silencio, por una regulación cívica que no ciudadana[2]. Es éste el modelo que se pretende reformular, subvertir desde colectivos como el que nos ocupa.

La contestación es la de evitar unas políticas urbanas desarrolladas al margen del ciudadano y su uso del espacio, a partir de la participación y la implicación. El uso del espacio, la reivindicación del mismo como común y la atención a los cambios que lo condicionan y transforman. Una participación que haría del cuidado y la responsabilidad los ejes de la existencia misma del espacio común, una lógica que se disuelve si aplicamos la del consumo dominada por el desapego: consumir y marcharse. La cita de Isidoro Valcárcel Medina, a la que el colectivo recurre, sintetiza esta disyuntiva: “arte es todo aquel acto consciente y responsable[3]”. De este modo, el ciudadano que participa del espacio público, como mencionábamos, crea espacio público tanto como las instituciones y sus políticas urbanas, urbanistas o arquitectos y, en este sentido, el diálogo entre ambos resulta esencial. Pensar juntos una ciudad, y en sentido más amplio también una política cultural, que se plantee a ras de suelo, que responda a las necesidades e intereses de la comunidad.

En esta voluntad de reivindicación de lo propio se inscribe la estrategia del colectivo: participar de procesos vivos, trabajar en redes e instituciones existentes,  pensando en sumar y cómo esta participación puede abrir nuevos espectros, situaciones no contempladas con anterioridad y que supongan la formulación de nuevos enfoques y maneras de proceder. Es decir, no dar la espalda a agentes con discursos opuestos, sino tratar de establecer diálogos y negociaciones con la voluntad de pensar y construir ciudad, no paralizarse en el rechazo, aunque eso ponga de relieve contradicciones e intereses contrapuestos que coexisten por parte de los distintos agentes implicados. Trabajar a partir de la problemática, de la paradoja para resolver y reflexionar haciendo. De alguna manera, con este proceder se visibiliza la confluencia de poderes, discursos y tácticas que se entretejen en el paisaje urbano, siendo el de Basurama una cara en el poliedro, una posibilidad alternativa a las líneas tradicionales que regulan la mencionada ciudad cívica, y que se plantea dentro de procesos de negociación y diálogo con el resto.

Un ejemplo que puede ilustrar esta adecuación al contexto de trabajo así como la formulación de un enfoque propio es el proyecto de Autobarrios San Cristobal (Madrid, 2012) [4]. La remodelación y revitalización de espacios que proyectó el colectivo surgió fruto del diálogo y la colaboración con las estructuras e instituciones locales, principalmente asociaciones vecinales así como de jóvenes de la zona que reclamaban otros usos del espacio urbano en los que sentirse incluidos. De esta forma, Autobarrios San Cristobal resultó una formulación conjunta, dilatada en el tiempo permitiendo el desarrollo de vínculos y diversas implicaciones, no una imposición ajena a las necesidades y demandas de los individuos.

En definitiva, Basurama plantea generar desde algo previo ―comenzaron con la basura, con los desechos a gestar sus primeros proyectos― algo nuevo, ampliar los horizontes, construir ciudad en la ciudad, desvelar potencialidades ocultas o silenciadas, revitalizar, facilitar usos y tendencias ciudadanas, hacer del espacio público espacio de vida, de desarrollo colectivo, no decorado o producto consumible.

Espacios silentes

Marta Alonso-Buenaposada del Hoyo

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[1] Basurama, Sobre nuestra capacidad de imaginación política para el espacio público, texto presentado en el VII Congreso Internacional de Ordenación del Territorio (VII CIOT), Madrid, noviembre de 2014. Disponible en línea en:
 http://basurama.org/txt/sobre-nuestra-capacidad-de-imaginacion-politica-para-el-espacio-publico/

[2] Id.

[3] Basurama, Cuatro conceptos y dos hipótesis sobre participación, texto presentado para el Congreso Internacional de Ordenación del Territorio (VII CIOT), Madrid, noviembre de 2014. Disponible en línea en: http://basurama.org/txt/cuatro-conceptos-y-dos-hipotesis-sobre-participacion/

[4] Acerca de este proyecto consultar también la entrevista realizada por Elena Zaccagnini a Juan López-Aranguren Blázquez (Basurama) en el marco de la exposición Madrid ReActiva, celebrada en junio de 2013 en la Casa Encendida, Madrid. Disponible en línea en: https://espaciosilentes.wordpress.com/

Otros textos consultados

Marzo, Jorge Luis, “El concepto de ciudadanía como motor de la política artística española”, 2009; disponible en línea en: http://www.soymenos.net/ciudadania.pdf

Pardo, José Luis, “Nunca fue tan hermosa la basura”, en Basurama, Distorsiones urbanas, Madrid: Casa Encendida, 2006. Disponible en línea en: http://basurama.org/txt/distorsiones-urbanas/nunca-fue-tan-hermosa-la-basura-jose-luis-pardo/

Paredes, Diego, “De la estetización de la política a la política de la estética”, Revista de Estudios Sociales, Bogotá: Facultad de Estudios Sociales, Universidad de los Andes, nº 34, diciembre de 2009, pp. 91-98.  

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